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	<title>informe &#8211; Spanish</title>
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	<item>
		<title>&#8220;Una persona normal apenas puede juzgar la calidad periodística&#8221;</title>
		<link>https://onmedia.dw.com/spanish/?p=7211</link>
		<pubDate>Thu, 19 Dec 2013 15:04:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luna Bolivar]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[calidad periodística]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong></strong><a href="http://onmedia.dw.com/spanish/files/QJ1_2.jpg" rel="lightbox[7211]"><img class="alignleft size-full wp-image-7223" alt="" src="http://onmedia.dw.com/spanish/files/QJ1_2.jpg" width="588" height="392" srcset="https://onmedia.dw.com/spanish/files/QJ1_2.jpg 588w, https://onmedia.dw.com/spanish/files/QJ1_2-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 588px) 100vw, 588px" /></a>En los debates acerca del futuro del periodismo, una frase suele escucharse con frecuencia: &#8220;necesitamos más calidad para sobrevivir&#8221;. Pero ese concepto de calidad es con frecuencia vago. Muchas veces se define intuitivamente o en función de anécdotas, más que a partir de investigaciones fundadas o de un análisis racional.</p>
<div id="attachment_7217" aria-labelledby="figcaption_attachment_7217" class="wp-caption alignright" style="width: 150px"><a href="http://onmedia.dw.com/spanish/files/QJ2.jpg" rel="lightbox[7211]"><img class="size-full wp-image-7217" alt="" src="http://onmedia.dw.com/spanish/files/QJ2.jpg" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Wolfgang Schweiter</p></div>
<p>¿Qué puede hacer el periodismo en este caso? Los profesores alemanes <a href="http://www.wolfgang-schweiger.de/" target="_blank">Wolfgang Schweiger</a> y <a href="https://online.uni-hohenheim.de/urban" target="_blank">Juliane Urban</a> han buscado respuestas. El capacitador y director de proyectos de DW Akademie Steffen Leidel conversó con Schweiger sobre las sorprendentes conclusiones a las que llegan en un estudio dedicado a la noción de calidad en la profesión informativa.<span id="more-7211"></span></p>
<p><strong>DW Akademie: ¿Cómo mide la ciencia la calidad del periodismo?</strong></p>
<p><strong>Wolfgang Schweiter:</strong> En la tradición alemana, lo hacemos desde un punto de vista normativo. Para nosotros, el periodismo tiene que cumplir con una serie de funciones constitucionales y sociales y a partir de su adecuación a esa norma determinamos el nivel de calidad.</p>
<p>En Estados Unidos, por el contrario, la calidad se mide desde la perspectiva del receptor. La pregunta de partida es qué noticias percibe la audiencia como de calidad. Esto hace que variantes como el entretenimiento, el atractivo de la información o el interés del tema sean relevantes, mientras que en Alemania no lo son.</p>
<p><strong>¿Y qué variantes tiene en cuenta la aproximación normativa?</strong></p>
<p>Por un lado, la diversidad y la imparcialidad. Es importante que la cobertura de opiniones, personajes y hechos sea objetiva y considere diferentes puntos de vista. Por otro lado, las noticias tienen que ser relevantes y dar respuesta a las cinco preguntas fundamentales, además de ser fáciles de aprehender, apropiadas y exactas.</p>
<p><strong>Dos definiciones que distan bastante la una de la otra…</strong></p>
<p>Al tratar la calidad en el periodismo siempre nos vamos a ver enfrentados a un conflicto. ¿Queremos producir noticias que el público valore como interesantes o queremos ofrecer noticias cuya calidad se corresponda con la función social que le adjudicamos a esta profesión?</p>
<p><strong>¿Significa eso que las noticias que el público considera interesantes no cumplen con la función social del periodismo?</strong></p>
<p>Depende del mercado que se observe. Algunos estudios identifican una correlación entre las dimensiones normativas de la calidad y el éxito entre la audiencia. Eso demuestra que las noticias de calidad son mejor acogidas por el público. Pero también hay investigaciones que deducen todo lo contrario: cuanto más sensacionalista, más interés despierta. No existe una respuesta clara a la pregunta de si a la audiencia le gusta la calidad o no.</p>
<p><strong>¿Qué diferencia su estudio de otros?</strong></p>
<p>Que nosotros no nos hemos centrado sólo en medir la calidad del contenido que generan los medios, sino que hemos analizado si el público es capaz o no de juzgar esa calidad, atendiendo a las piezas periodísticas por separado.</p>
<p>Cuando se le pregunta a los alemanes por periódicos como el <a href="http://www.sueddeutsche.de/" target="_blank"><em>Süddeutsche Zeitung</em></a>, revistas como <a href="http://www.spiegel.de/" target="_blank"><em>Spiegel</em></a> o noticieros televisivos como <a href="http://www.tagesschau.de/" target="_blank">Tagesschau</a>, todos coinciden en que son buenos. Es una respuesta estándar, socialmente aceptada, que refleja uno de los problemas de la investigación social empírica: que la gente tiende a decir lo que cree que debe. Por eso intentamos descubrir qué opinaba la audiencia de programas o artículos al margen de la marca mediática.</p>
<p><strong>¿Y qué procedimiento siguieron?</strong></p>
<p>Recurrimos a un experimento clásico. La mitad de los participantes recibieron un reportaje que era realmente bueno, la otra mitad uno que era muy malo. Después, comparamos la evaluación de la calidad que cada grupo hacía de la pieza que le había tocado.</p>
<p><strong>¿Con qué resultado?</strong></p>
<p>Por una parte descubrimos lo que nos esperábamos: que la capacidad del público de juzgar la calidad es muy limitada. Pero, sin embargo, nos sorprendió mucho que esa habilidad fuera independiente del nivel de educación, la competencia mediática y la edad. Creíamos que la formación y el trato frecuente con la prensa influirían en el resultado.</p>
<p><strong>¿Qué conclusiones sacan de eso?</strong></p>
<p>Que, en mi opinión, una persona normal y corriente, sin que importe su nivel de educación, carece de los parámetros mentales necesarios para estimar si una pieza periodística es de calidad o no.</p>
<p><strong>¿Qué implica eso para la prensa? ¿Son buenas o malas noticias?</strong></p>
<p>Ésa es una pregunta clave. En un primer momento se podría deducir que la calidad no importa porque la audiencia no la percibe. Pero eso sería una simplificación.</p>
<p>Nuestro estudio también ha demostrado el papel destacado que juega la imagen de la marca mediática en la confianza que despierta en el público. Si la calidad se reduce, a corto plazo la gente no lo nota. Pero cuando finalmente se da cuenta, repercute negativamente en la imagen y eso tiene repercusiones a largo plazo. Puede llevar, por ejemplo, a una reducción considerable de la circulación.</p>
<p>Por eso, yo advierto siempre a los medios de los peligros que entraña el poner en riesgo su patrimonio más preciado, que es la confianza de los lectores, oyentes, espectadores o usuarios.</p>
<p>Entrevista: <a href="https://twitter.com/steffenleidel" target="_blank">Steffen Leidel</a><br />
Traducción: Luna Bolívar</p>
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			</item>
		<item>
		<title>&#8220;La metodología de los índices de libertad de prensa es problemática&#8221;</title>
		<link>https://onmedia.dw.com/spanish/?p=6599</link>
		<pubDate>Tue, 20 Aug 2013 12:28:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luna Bolivar]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[informe]]></category>
		<category><![CDATA[libertad de prensa]]></category>

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		<description><![CDATA[ [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://onmedia.dw.com/spanish/files/FoP11.jpg" rel="lightbox[6599]"><img class="size-full wp-image-6615 alignleft" alt="" src="http://onmedia.dw.com/spanish/files/FoP11.jpg" width="588" height="227" srcset="https://onmedia.dw.com/spanish/files/FoP11.jpg 588w, https://onmedia.dw.com/spanish/files/FoP11-300x115.jpg 300w" sizes="(max-width: 588px) 100vw, 588px" /></a>Cada año cuando se publican los índices de libertad de prensa, las mordazas a los medios y las dificultades que encuentran los periodistas a la hora de realizar su trabajo ocupan páginas en los diarios y minutos en los noticieros. Sin embargo, cabe contemplar estos rankings internacionales con cautela, advierte Laura Schneider, del <a href="http://www.rcmc-hamburg.de/" target="_blank">Centro para el Estudio de los Medios y la Comunicación</a> de Hamburgo.</p>
<p>Schneider dedica su tesis doctoral al análisis de los listados que miden la libertad de expresión e información en los diferentes países. Aunque la importancia de los mismos es innegable, tampoco pueden obviarse los sesgos que los lastran y el hecho de que siguen una metodología dudosa, sostiene la experta, por lo que trata de desarrollar un sistema alternativo con el que traducir en cifras y poder comparar las distintas realidades.</p>
<p>En la siguiente entrevista, Schneider nos habla de los problemas y de las posibles soluciones en torno a los índices de libertad de prensa.<span id="more-6599"></span></p>
<p><strong>DW Akademie: ¿Qué rankings utiliza para su estudio?</strong></p>
<p><strong>Laura Schneider:</strong> El que elabora <a href="http://www.freedomhouse.org/issues/media-freedom" target="_blank">Freedom House</a> y la <a href="http://es.rsf.org/press-freedom-index-2013,1054.html" target="_blank">Clasificación Mundial de Reporteros sin Fronteras</a>. Son los dos únicos que actualmente se llevan a cabo a nivel global. La UNESCO redacta también los llamados <a href="http://www.unesco.org/new/es/communication-and-information/intergovernmental-programmes/ipdc/special-initiatives/media-development-indicators-mdis/" target="_blank">Indicadores de Desarrollo Mediático</a>, que sirven para medir la libertad de prensa pero no se evalúan regular ni internacionalmente.</p>
<p><strong>¿Qué le llevó a centrar su tesis en este tema?</strong></p>
<p>Un viaje que hice a <a href="http://academia.edu/2313147/Press_freedom_in_Mexico" target="_blank">México para analizar la situación de la libertad de prensa</a>. Antes de partir, repasé lo que decían los índices sobre el país. En cuanto indagué un poco me di cuenta de que la metodología utilizada para contabilizar los datos era problemática. Estos rankings gozan de mucho prestigio y se informa ampliamente sobre ellos cada vez que son publicados, pero en cuanto conoces sus defectos te das cuenta de lo cuestionable que es la cobertura que reciben.</p>
<p><strong>¿Y qué problemas le descubrió a la metodología?<br />
</strong></p>
<p><a href="http://onmedia.dw.com/spanish/files/FoP21.jpg" rel="lightbox[6599]"><img class="size-full wp-image-6617 alignright" alt="" src="http://onmedia.dw.com/spanish/files/FoP21.jpg" width="300" height="200" /></a>Podemos empezar por la definición de libertad de prensa en sí. Ambos índices dicen basarse en el <a href="http://www.ichrp.org/es/articulo_19_dudh" target="_blank">Artículo 19</a> de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, en el que se indica que todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión. Pero las organizaciones no especifican qué entienden ellas hoy en día por libertad de prensa, y ésta es una cuestión fundamental.</p>
<p>Eso lleva a la pregunta de qué indicadores deben usarse para medir la libertad de prensa: ¿en qué hay que fijarse para saber cuál es la situación en un país? Aquí, la cuestión de la ponderación también es importante. Por ejemplo, el derecho constitucional a la libertad de prensa, ¿vale seis o dos puntos? Y luego están los aspectos logísticos: quién evalúa, cómo se realizan los sondeos y cuánta gente se emplea para que las encuestas sean representativas.</p>
<p><strong>Metodologías distintas llevan a resultados diferentes, ¿hay algún país en el que esto se note especialmente?</strong></p>
<p>En Togo, por ejemplo. En 2013, Freedom House ha colocado al país africano en la posición 159 de 197 Estados. Reporteros sin Fronteras, sin embargo, lo sitúa en el lugar 83 de 179, ¡son casi 80 puestos de diferencia!</p>
<p><strong>¿Cómo se explica eso?</strong></p>
<p>El problema con los rankings de Freedom House es que se basan en unos indicadores que dos personas establecieron hace ocho años. Aunque se esforzaron por desarrollar unos parámetros sensatos y bien meditados, no consultaron a ningún experto. Algo similar sucede con Reporteros sin Fronteras: pese a que las decisiones se toman en grupo, siguen siendo muy subjetivas.</p>
<p>Así que cada cual se rige por su propia visión. Mientras que Reporteros sin Fronteras pone el foco en las agresiones a periodistas como agresiones a la libertad de prensa y en las condiciones laborales de los informadores, Freedom House le presta más atención a la estructura del  sistema en su conjunto y dedica una sola pregunta a la violencia contra sus trabajadores. Porque el número de ataques físicos a periodistas es, en comparación, relativamente bajo en Togo, el país está mejor posicionado en el índice de RsF. El sistema mediático, sin embargo, muestra deficiencias graves en Togo, lo que le hace perder puestos en el listado de Freedom House. Eso explica la diferencia.</p>
<p><strong>¿Y significa también que estas organizaciones entienden cosas distintas por libertad de prensa?</strong></p>
<p><a href="http://onmedia.dw.com/spanish/files/FoP2.jpg" rel="lightbox[6599]"><img class="alignleft size-full wp-image-6607" alt="" src="http://onmedia.dw.com/spanish/files/FoP2.jpg" width="300" height="200" /></a>Sí. Freedom House tiene una percepción más estadounidense, que relega con frecuencia a los medios públicos al papel de instrumentos bajo el control del Estado. El concepto de Reporteros sin Fronteras es por el contrario más europeo, y entiende los medios públicos como importantes y positivos.</p>
<p>Pero, a fin de cuentas, ambos ofrecen una mirada muy occidental y ésa es una de mis críticas principales y el motivo de que quiera desarrollar un instrumento alternativo. La idea es que mil expertos de 124 países digan qué indicadores consideran relevantes para medir la libertad de prensa y qué puntuación le otorgan a cada uno de ellos. Tengo la esperanza de que así el sesgo cultural sea menor.</p>
<p><strong>Mil expertos… suena a un proyecto ambicioso, ¿cómo va a hacer para contactarlos?</strong></p>
<p>Pasé semanas buscando a personas dedicadas al tema: desde miembros de ONG y la mayoría de los grandes organismos periodísticos a profesores, expertos en desarrollo mediático y otros activistas en este campo. Después les escribí un mail y les pregunté si querían participar en mi encuesta.</p>
<p><strong>¿E incluyeron indicadores que no aparecían en los índices?</strong></p>
<p>No les pedí que me mandaran indicadores, sino que me dijeran la importancia que les concedían a los 47 que yo incluí en una lista. La lista fue fruto de muchas lecturas, de las fallas detectadas en los rankings existentes y del análisis de toda una serie de iniciativas que se están desarrollando en torno a este tema.</p>
<p>Entre los 47 indicadores y sus subindicadores hay muchos que contemplan los índices actuales, como la sensación subjetiva de seguridad de los periodistas, cosa que evidentemente influye en su labor. O el uso de los medios sociales como Facebook o Twitter tanto por parte de los medios como del público.</p>
<p><strong>¿Tiene resultados preliminares?</strong></p>
<p>Puedo decir ya que la mayoría de los expertos considera la independencia judicial como uno de los indicadores más importantes y, sin embargo, ni Freedom House ni Reporteros sin Fronteras la consideran.</p>
<p><em><a href="http://onmedia.dw.com/spanish/files/LP3n.jpg" rel="lightbox[6599]"><img class="size-full wp-image-6613 alignleft" alt="" src="http://onmedia.dw.com/spanish/files/LP3n.jpg" width="100" height="155" /></a>Además de promover en filosofía, <strong>Laura Schneider</strong> coordina el Programa para América Latina del Centro de Estudios de los Medios y la Comunicación de Hamburgo. Trabaja también como freelance para diversos medios alemanes y ha sido reportera radiofónica y de prensa escrita en México. Estudió ciencias de la comunicación y periodismo en las universidades de Hamburgo (Alemania), Guadalajara (México), y Sídney (Australia).</em></p>
<p>Entrevista: <a href="https://twitter.com/C_Harjes" target="_blank">Christine Harjes</a><br />
Traducción: <a href="https://twitter.com/lunabol" target="_blank">Luna Bolívar</a></p>
]]></content:encoded>
			</item>
		<item>
		<title>“Los viejos principios del periodismo siguen vigentes”</title>
		<link>https://onmedia.dw.com/spanish/?p=6511</link>
		<pubDate>Tue, 23 Jul 2013 23:59:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luna Bolivar]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo digital]]></category>
		<category><![CDATA[calidad periodística]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://onmedia.dw.com/spanish/files/Richard-Sambrook_300x200.jpg" rel="lightbox[6511]"><img class="alignleft size-full wp-image-6515" alt="" src="http://onmedia.dw.com/spanish/files/Richard-Sambrook_300x200.jpg" width="300" height="200" /></a>Tras años pendientes del crecimiento imparable de los medios sociales como fuente de información alternativa, comienzan a surgir voces que rompen una lanza a favor de valores tradicionales del periodismo como la objetividad y la imparcialidad. Una de esas voces es la del profesor y exdirector de noticias de la BBC Richard Sambrook, autor regular de escritos sobre el tema.</p>
<p>En <a href="http://www.journalism.co.uk/news/report-principles-delivering-trust-in-digital-age/s2/a549753/" target="_blank">un estudio</a> Sambrook se muestra preocupado por el nivel de calidad y las prácticas que se han vuelto habituales en el mundo digital. Aun consciente de que no es fácil respetar los principios periodísticos en este terreno, el británico concluye en nuestra entrevista que “no hacerlo sería peligroso”.</p>
<p><span id="more-6511"></span></p>
<p><strong>DW Akademie: ¿Cómo definiría usted la calidad en la era digital?</strong></p>
<p><strong>Richard Sambrook:</strong> La calidad es un término subjetivo, significa cosas distintas para cada cual. Algunas personas designan con ella la profundidad, los conocimientos y la especialización. Para otras es la variedad. Hay quien considera de calidad lo abierto e interactivo… Pero lo que en general estamos viviendo en la era digital es el desmoronamiento de la idea de calidad como algo relacionado con la información objetiva e imparcial. Por eso, tenemos que reinterpretar estos conceptos y adaptarlos al nuevo contexto.</p>
<p><strong>Pero, ¿siguen la objetividad y la imparcialidad siendo importantes?<br />
</strong></p>
<p>Muchos predicadores de Internet aseguran que la objetividad –el concepto de que el periodista puede extraerse de sus ideas personales y tratar de ser neutral- no es factible en la era digital. Yo creo que ésa es una interpretación equivocada. Los periodistas no pretenden carecer de opinión. Todo lo contrario, sus ideas son un proceso en el que se sumergen a fin de lograr una información de calidad. Mostrar los dos lados de una historia, ser equitativos: en eso consiste para ellos hoy la imparcialidad y la objetividad.</p>
<p>Sea como sea, hay gente que dice que eso ya no es posible. El teórico estadounidense David Weinberger se hizo famoso por su frase <a href="http://www.hyperorg.com/blogger/2009/07/19/transparency-is-the-new-objectivity/" target="_blank">‘la transparencia es la nueva objetividad’</a>. Es decir, que si pretendes ser completamente abierto con tu audiencia, si sabes cuál es tu tendencia, entonces revela tu agenda porque el público está en condiciones plenas de asimilarla, y con eso basta.</p>
<p><strong>¿Y basta con eso…?</strong></p>
<p>Yo creo que la transparencia y la apertura son muy importantes pero no suficientes. Para asegurar la calidad hay que considerar otros elementos. Uno son las evidencias: los testigos presenciales, las pruebas de primera mano… una de las vías que tradicionalmente ha usado el periodismo para recaudar información. Internet está lleno de opinión pero faltan evidencias.</p>
<p>En esto, creo que el atentado de Boston fue un punto de inflexión porque demostró el valor de algunos viejos principios que en los últimos tiempos habían sido despreciados. El reportero de la NBC Pete Williams recibió <a href="http://www.huffingtonpost.com/2013/04/19/pete-williams-boston-reporting-nbc_n_3114880.html" target="_blank">muchos halagados por un trabajo</a> que llevó a cabo muy a la antigua usanza: se aseguró siempre de que dos fuentes corroborasen la información; fue comedido e indicó la procedencia de todos los datos. También la cobertura del ‘New York Times’ fue sobria, evitando propagar rumores. Y la gente apreció eso. En comparación, los medios sociales estuvieron plagados de especulaciones y premisas no confirmadas.</p>
<p>Hay que tener en cuenta que, en un mundo digital, el público puede elegir lo que quiere ver o leer. La clave está en asegurar que se transmite una variedad de opiniones, porque de lo contrario la audiencia se queda sólo con las más próximas a la propia, con aquello con lo que está de acuerdo. Es importante que la gente entienda y reconozca que hay muchos puntos de vista y que eso le sirva de incentivo.</p>
<p><strong>Usted fue director de noticias internacionales en la BBC. Según su experiencia, medios de comunicación establecidos como la misma BBC o Deutsche Welle, ¿se esfuerzan realmente por ser abiertos? </strong></p>
<p>Es cierto que a muchas de estas instituciones la apertura les resulta difícil. Están acostumbradas a ser guardianas con la potestad de decir ‘si nos sintonizas, a las seis de la tarde te vamos a contar lo que consideramos que tienes que saber’. O ‘si compras nuestro periódico, encontrarás lo que pensamos que es importante que leas’. Y estos medios tienden a ser muy opacos acerca de cómo llegan a esas conclusiones. Pero contestar a al público y explicarle por qué se toma una decisión es importante. Mostrar cómo funciona el periodismo es fundamental, ya que refuerza la confianza en el producto final.</p>
<p><strong>Usted fue hace poco coautor de un estudio sobre la audiencia de las noticias internacionales de la BBC y descubrió que la televisión seguía siendo la fuente principal de información, ¿cree que la relevancia de los medios sociales se ha exagerado?</strong></p>
<p>La gente que trabaja en los medios o habla sobre ellos cree que el mundo entero tuitea, y no es así. Como muchas otras innovaciones, los medios sociales están sobreestimados en el corto plazo e infravalorados a largo plazo. Todas estas cosas de las que estamos hablando van a suceder, pero mucho después de lo que pensamos. Por el momento, la gente sigue viendo la televisión y leyendo los periódicos. Cada vez son más los que usan la web y las redes pero quienes trabajan en esto tienden a exagerar el significado del aumento.</p>
<p><strong>A veces, da la impresión de que falta una discusión crítica acerca de la selección de información, también sobre aquella que se extrae de los medios sociales. Siguiendo con el ejemplo del atentado de Boston, la cobertura de la BBC fue gigantesca y, sin embargo, su estudio asegura que el público desconecta pasados 15 minutos&#8230;<br />
</strong></p>
<p>Los medios disponen de gran cantidad material y a veces preferirían emitirlo todo. Cualquier productor de informativo se topa un día con el acontecimiento al que le gustaría dedicar 25 minutos de programa. Sucesos importantes, como el tsunami en Japón, por ejemplo. Y es fácil entender porqué. Las imágenes son espectaculares, los temas sobre los que se puede hablar y discutir muchísimos.</p>
<p>Nuestro estudio, sin embargo, demostró que tras unos 15 minutos la mayor parte del público siente que ya sabe bastante y deja de prestar atención. Su interés tiene un límite. De nuevo, estamos ante una disfunción entre aquellos que trabajan en los medios y están obsesionados con su labor y la audiencia, que vive en una realidad totalmente distinta.</p>
<p><strong>¿Quiere todo esto decir que, cegados por la innovación y el cambio, los periodistas han olvidado su labor fundamental?</strong></p>
<p>Los medios sociales desataron una ola de entusiasmo. A su lado, las cadenas y los periódicos convencionales parecían anticuados, lejos de la energía, la vibrante actividad y la fascinación que despertaban los recién incorporados. Pero, pasado un tiempo, se empieza a reconocer que algunos de los viejos principios éticos, de los procesos y de las premisas del periodismo tradicional siguen teniendo validez. La pregunta ahora es cómo combinar esos principios con la efervescencia de los medios sociales, de manera que se pueda extraer lo mejor de ambos modelos.</p>
<p><strong>Usted trabaja ahora como profesor en la Universidad de Cardiff, ¿qué consejo le daría a los futuros periodistas de cara a prepararse para el cambio digital?</strong></p>
<p>Para ser periodista has de sentir gran curiosidad por el mundo, y eso es algo que no ha cambiado. La tecnología varía todo el tiempo. La actual es la digital, la cobertura con el iPhone o a través de Twitter&#8230; Es bueno estar abierto a todas esas herramientas, pero no dejan de ser simples herramientas. Lo fundamental sigue siendo la exactitud y la calidad de la información y la profesionalidad con la que la procesas.</p>
<p><strong><em>Richard Sambrook</em></strong><em> es profesor de periodismo en la Universidad de Cardiff, en Reino Unido. Fue director de Global News en la BBC y cuenta con más de 30 años de experiencia en el ámbito de la información. Durante su reciente periodo como <a href="https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/fellowships/visiting/past-visiting-fellows/richard-sambrook.html" target="_blank">investigador invitado en el Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo de la Universidad de Oxford</a>, Sambrook llevó a cabo dos trabajos, <a href="https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/fileadmin/documents/Publications/Working_Papers/Delivering_Trust_Impartiality_and_Objectivity_in_a_Digital_Age.pdf" target="_blank">“Delivering Trust: Impartiality and Objectivity in the Digital Age”</a> (“Repartiendo confianza: Imparcialidad y Objetividad en la era digital”) y <a href="https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/fileadmin/documents/Publications/Working_Papers/The_Public_appetite_for_foreign_news_on_TV.pdf" target="_blank">“Public Appetite for Foreign News on TV and Online”</a> (“El apetito del público por las noticias internacionales en televisión y prensa digital”)</em><em>.</em></p>
<p><em>El capacitador y director de proyectos de DW Akademie Steffen Leidel habló con Sambrook durante la celebración el <a href="http://www.journalismfestival.com/" target="_blank">Festival Internacional de Periodismo</a> en Perugia, Italia, donde el profesor participó en uno de los paneles. La entrevista original en inglés la encuentra <a href="http://onmedia.dw.com/english/?p=10265" target="_blank">aquí</a>.</em></p>
<p>Entrevista: <a href="https://twitter.com/online_simple" target="_blank">Steffen Leidel</a><br />
Traducción: <a href="https://twitter.com/lunabol" target="_blank">Luna Bolívar</a></p>
]]></content:encoded>
			</item>
		<item>
		<title>“Internet animó a Primavera Árabe, pero no la coordinó”</title>
		<link>https://onmedia.dw.com/spanish/?p=5945</link>
		<pubDate>Wed, 03 Apr 2013 12:26:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luna Bolivar]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://onmedia.dw.com/spanish/files/PA1.jpg" rel="lightbox[5945]"><img class="alignleft size-full wp-image-5953" alt="" src="http://onmedia.dw.com/spanish/files/PA1.jpg" width="588" height="392" srcset="https://onmedia.dw.com/spanish/files/PA1.jpg 588w, https://onmedia.dw.com/spanish/files/PA1-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 588px) 100vw, 588px" /></a>Prácticamente, no hay discusión acerca de la Primavera Árabe en la que no se mencione la “Revolución Facebook”. La influencia de los medios sociales en lo acontecido en el norte de África es un tema recurrente. Sin embargo, pocas veces supera este debate la pura especulación. Para su trabajo de fin del máster <a href="http://www.dw.com/dw-akademie/m%C3%A1ster/s-31883" target="_blank">International Media Studies</a>, que organiza DW Akademie, Eira Martens decidió analizar científicamente el asunto, llegando a interesantes conclusiones.<span id="more-5945"></span></p>
<p><strong>DW Akademie: Usted que ha estudiado a fondo lo sucedido, ¿diría que Twitter y Facebook contribuyeron a la caída del régimen de Hosni Mubarak en Egipto?</strong></p>
<p><strong>Eira Martens:</strong> Yo diría que sí. Los resultados de mi investigación apuntan a que Twitter y Facebook jugaron un papel destacado en la movilización contra Mubarak. Esto no quiere decir que la revolución no hubiera tenido lugar sin los medios sociales. La mayoría de los ciberactivistas a los que entrevisté para mi trabajo coincidían en que, tarde o temprano, el régimen habría caído igualmente.</p>
<p>Pero las nuevas tecnologías propiciaron que una protesta que en principio era muy pequeña creciera rápidamente. En el caso egipcio, Facebook especialmente aceleró el proceso. El <a href="http://www.arabsocialmediareport.com/home/index.aspx" target="_blank">Arab Social Media Report</a> refleja como el número de usuarios de Internet aumentó significativamente a lo largo del año anterior a la principal ola de manifestaciones.</p>
<p><strong>¿En qué se diferencia su trabajo de otros publicados sobre este tema?</strong></p>
<p>En que el mío es más cualitativo que cuantitativo. En los últimos años se ha escrito mucho acerca de los medios sociales y su influencia en el devenir político. ‘Ciberoptimistas’ y ‘ciberescépticos’ discuten apasionadamente sobre las ‘revoluciones Twitter’ y las consecuencias de Facebook. Yo quería contraponer a estos debates, que casi siempre se desarrollan en los medios de masas y cuyo contenido es altamente especulativo, datos empíricos.</p>
<p>Las estadísticas de usuarios y los análisis de Red demuestran con relativa claridad la importancia de ciertas herramientas digitales en la gestación de la subversión. Ya antes de mi trabajo existían indicios que apuntaban a que los medios sociales podían haber sido relevantes en el ámbito organizativo y en la formación de una identidad. Yo quise profundizar en estos aspectos y descubrir por qué y cómo en un país como Egipto se habían servido los ciudadanos de las redes para movilizar y llevar a cabo sus protestas.</p>
<p><strong>¿Qué metodología eligió para ello?</strong></p>
<p>Opté por entrevistar a expertos –ciberactivistas implicados en la revolución- y aplicar el principio metódico del análisis cualitativo del contenido, desarrollado por el sociólogo Philipp Mayring. Sobre una base teórica y partiendo de una pregunta inicial establecí un hilo conductor a seguir durante esas conversaciones.</p>
<p><strong>¿Y qué descubrió acerca de la relevancia de los medios sociales en la creación de una identidad colectiva?</strong></p>
<p>Que fueron sobre todo las fotos y los videos los que contribuyeron a que se estableciera esa identidad, o más bien lo que podría definirse como un lazo solidario. Sobre todo las pruebas de la brutal actuación policial aumentaron la disposición de los ciudadanos a salir a la calle y a asumir el riesgo de ser heridos o incluso asesinados. Al tiempo que crecía la ira, disminuía el miedo. Y esas imágenes se propagaron principalmente a través de Facebook y otras herramientas como YouTube o Flickr.</p>
<p>En general, los medios sociales contribuyeron a que los egipcios se sintieran parte de un movimiento y se atrevieran a dar el paso de abandonar en colectivo el mundo digital para irrumpir en el analógico, es decir, en los espacios públicos de El Cairo y las demás ciudades.</p>
<p><strong><a href="http://onmedia.dw.com/spanish/files/PA21.jpg" rel="lightbox[5945]"><img class="alignright size-full wp-image-5961" alt="" src="http://onmedia.dw.com/spanish/files/PA21.jpg" width="300" height="200" /></a>¿Tuvo Internet tanta importancia en la organización de las protestas como a menudo se le atribuye?</strong></p>
<p>Decisivas a la hora de coordinar las manifestaciones durante los momentos clave fueron en primer lugar las organizaciones de ‘carne y hueso’ ya existentes, como por ejemplo los Hermanos Musulmanes. Algunos de los expertos con los que hablé estaban incluso convencidos de que los medios sociales condujeron más bien al caos y la anarquía, lo que desde el punto de vista de los activistas no siempre es algo negativo.</p>
<p>Las funciones de Facebook y otras plataformas deben entenderse de manera diferenciada. Estos portales animan a los ciudadanos a participar activamente en el cambio político, pero a la hora de coordinar la protesta a largo plazo, definir objetivos comunes y lograr una estructura eficiente su valor es bastante limitado. Hay que separar, por lo tanto, la tarea de aglutinar y extender de la de organizar.</p>
<p><strong>En cuanto a Twitter y Facebook, ¿cabe también una diferenciación? ¿Es distinto el uso que se hace de estas herramientas?</strong></p>
<p>Sí. Valorar cada medio por separado es una cuestión fundamental. Las mismas características técnicas hacen que se usen para fines diferentes. Mientras que a Facebook se recurrió principalmente para el intercambio de material audiovisual, la creación de grupos y la discusión, Twitter, al menos en Egipto, tuvo funciones más logísticas, como intercambiar consejos sobre el modo de protegerse del gas lacrimógeno.</p>
<p>Twitter permitía además compartir información a tiempo real y dar a conocer rápidamente lo que estaba sucediendo en las calles. Los manifestantes podían así reaccionar y evitar los bloqueos o los ataques de las fuerzas de seguridad. Si Facebook llegaba a nivel nacional a un grupo grande de ciudadanos, a Twitter recurrían los activistas más combativos y su alcance superaba las fronteras del país.</p>
<p><strong>Usted ha conversado con ciberactistas egipcios, ¿qué clase de personas son?</strong></p>
<p>En concreto, entrevisté en El Cairo a diez expertos en medios sociales que habían tomado parte en las protestas tanto desde las calles como desde la Red. Casi todos eran jóvenes -25 años de edad media-, profesionales y de creencia musulmana. Entre ellos se encontraban el gerente de uno de los principales portales de Internet, el director de una ONG pro derechos humanos… También conversé con un periodista de un canal de televisión privado y una redactora de un periódico estatal, lo que me permitió sacar conclusiones acerca del sistema mediático egipcio en su conjunto.</p>
<p><strong>¿Había líderes dentro del movimiento de protesta?</strong></p>
<p>Curiosamente, no hay unidad con respecto a eso. Hay quien dice que no, que no son necesarios porque la igualdad en la organización y las formas de comunicación de los grupos de Facebook es lo que distingue a estas plataformas. Y otros opinan que sí los hubo. En lugar de personajes estilizados por los medios fueron bloggers, artistas e incluso algunos miembros de la Kifaya http://es.wikipedia.org/wiki/Kifaya . Los mismos activistas con los que yo hablé podrían considerarse líderes pero ellos no se ven como tales.</p>
<p><strong>¿Qué relación mantienen los medios tradicionales y nuevos en Egipto?</strong></p>
<p>En Egipto se llegó a un verdadero intercambio. Los medios tradicionales, tanto nacionales como extranjeros, recurrieron con frecuencia al contenido difundido en Internet. Al mismo tiempo, el poder de influencia de los medios sociales dependió en gran medida de la televisión y los periódicos, ya que estos continuaron siendo la principal fuente de información para un amplio espectro de población.</p>
<p>Del bloqueo de cinco días al que fue sometida la Red durante la revuelta egipcia se hacen dos lecturas. Por un lado, no calmó la protesta: la gente siguió saliendo a las calles, lo que para algunos es la prueba de su peso limitado. Por el otro, hay quien opina que fue precisamente la indignación ante esta medida lo que lanzó a muchos a las plazas.</p>
<p>En cuanto a la valoración ciudadana cabe decir que, mientras la cobertura internacional se percibió como parcial, a Facebook y compañía se les concedió una credibilidad bastante alta, aunque no en exclusiva ya que lo publicado por diarios como ‘El Shourouk’, ‘Al Masry Al Youm’ y ‘Al Doustour’ se consideró igualmente fidedigno.</p>
<p><em><strong><a href="http://onmedia.dw.com/spanish/files/Martens.jpg" rel="lightbox[5945]"><img class="alignleft size-full wp-image-5947" alt="" src="http://onmedia.dw.com/spanish/files/Martens.jpg" width="150" height="150" /></a>Eira Martens</strong> estudió Ciencias Sociales y Económicas orientadas a la Comunicación y las Relaciones Internacionales en la Universidad Friedrich Alexander de Erlangen-Núremberg (Alemania). Tras trabajar para diversas organizaciones no gubernamentales en Alemania, Australia, el sureste asiático y América Latina y como asesora en Nicaragua de la Sociedad Alemana de Cooperación Internacional, cursó el máster International Media Studies. Actualmente, Martens apoya el estudio del desarrollo mediático ejerciendo de asistente de investigación en DW Akademie.</em></p>
<p>Entrevista: <a href="https://twitter.com/steffenleidel" target="_blank">Steffen Leidel</a><br />
Traducción: <a href="https://twitter.com/lunabol" target="_blank">Luna Bolívar</a></p>
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		<title>&#8220;En la prensa boliviana hace falta más pluralismo&#8221;</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Feb 2012 10:21:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luna Bolivar]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://onmedia.dw.com/spanish/files/15.jpg" rel="lightbox[3565]"><img class="alignleft size-full wp-image-3583" alt="" src="http://onmedia.dw.com/spanish/files/15.jpg" width="300" height="200" /></a>Durante tres años, de 2009 a 2011, el <a title="blog onadem" href="http://onadembolivia.blogspot.com/" target="_blank">boliviano Observatorio Nacional de Medios (ONADEM)</a> ha llevado a cabo un profundo trabajo de campo. Estudios, análisis y un seguimiento con lupa del desarrollo de los medios de comunicación en el país andino son el resultado, publicado ahora bajo el título <a href="http://www.la-razon.com/suplementos/animal_politico/Medios-vista-problematizar-periodismo_0_1524447627.html" target="_blank"><em>Medios a la vista 2</em></a>. El libro deja constancia de un periodismo beligerante que traspasa al formato noticioso la batalla política y social, algo que no es bueno para la esencia de esta profesión, opina Erick Torrico, coordinador del ONADEM, con quien hablamos.<span id="more-3565"></span></p>
<p><strong>DW Akademie: Su libro tiene algo de cuadernillo de escuela, sólo que en una versión bastante más gruesa que supera las 260 páginas. ¿Qué cosas deberían anotarse en el cuadernillo de los medios bolivianos?</strong></p>
<p><strong>Erick Torrico:</strong> Convendría escribir un conjunto de recomendaciones para mejorar el desempeño del periodismo. En Bolivia, los medios están sumidos en una confrontación que se guía por la lógica política y afecta a los contenidos, hace que haya sesgo y obliga a las audiencias a dirigirse a distintos medios para poder obtener una versión más integra y exacta de los hechos. Se necesitan, por lo tanto, modificaciones de comportamiento y también de pensamiento.</p>
<div id="attachment_3613" aria-labelledby="figcaption_attachment_3613" class="wp-caption alignright" style="width: 200px"><a href="http://onmedia.dw.com/spanish/files/2-5.jpg" rel="lightbox[3565]"><img class="size-full wp-image-3613" alt="" src="http://onmedia.dw.com/spanish/files/2-5.jpg" width="200" height="266" /></a><p class="wp-caption-text">Erick Torrico</p></div>
<p><strong>¿Como por ejemplo?</strong></p>
<p>Más pluralismo. Ésta es una cuestión fundamental porque en Bolivia aún se mantiene la línea de la discriminación del otro: del otro en política, del otro que no comparte la visión, el proyecto social que se pueda tener&#8230; Y el resultado es que los medios no abren puertas al diálogo social ni facilitan una mirada abarcadora de los procesos que están ocurriendo en el país.</p>
<p><strong>Procesos como el de las autonomías, que implica una reestructuración administrativa y social muy importante. ¿Se encuentran en los medios bolivianos explicaciones acerca del contenido de los estatutos autonómicos, aclaraciones sobre los aspectos técnicos, etc.?</strong></p>
<p>Lamentablemente no. Los medios se concentran en la discusión política más externa: a las declaraciones de personeros del Gobierno nacional se les contraponen las declaraciones de personeros de los gobiernos departamentales, bajo el control de la oposición. Y todo el detalle de lo que puede ser la puesta en práctica de los diferentes niveles de autonomía o los problemas que ello supone se pierde. A través de los mensajes noticiosos, la ciudadanía sólo está al tanto de la pugna político-ideológica.</p>
<p><strong>¿Influye esa politización en la violencia contra medios y periodistas?</strong></p>
<p>Sí, el número de agresiones -de diferentes tipos, desde verbales a pedreas, golpizas e inclusive disparo de armas de fuego- se ha incrementado considerablemente. El año pasado registramos un promedio de 13 actos de agresión por mes. Estas situaciones se dan sobre todo en momentos de protesta social, de movilizaciones, en los que unos y otros pierden el control: los periodistas han recibido agresiones tanto de la policía –que es un actor destacado en esto de agredir a la prensa-  como de sectores afines al Gobierno o afines a la oposición.</p>
<p><strong>En el libro llegan ustedes a la conclusión de que, sobre todo desde 2005, el campo mediático boliviano está siendo reorganizado en función de las necesidades de un proyecto político de poder, ¿cómo se manifiesta eso?</strong></p>
<p>En Bolivia se está dando un proceso general de reorganización de las relaciones entre el Estado, la sociedad y la economía. Un nuevo grupo social se ha hecho cargo del poder político central y está desplegando una estrategia para establecerse en los diferentes ámbitos de actividad. Uno de esos ámbitos es la comunicación.</p>
<p>Dentro de esta estrategia, la vía que el Gobierno actual ha elegido es la de la confrontación con los medios privados, que representan alrededor del 85 por ciento del total y son por ello un actor evidentemente relevante. El Gobierno ha potenciado los medios con los que ya contaba, ha creado un diario y también se sabe que ha logrado compras indirectas de algunos medios privados importantes como es el caso de la <a href="http://www.atb.com.bo/home/" target="_blank">red de televisión ATB</a> y del diario <a href="http://www.la-razon.com/" target="_blank"><em>La Razón</em>.</a></p>
<p>Esto viene, además, complementado con otro rediseño de tipo legal: desde 2010 existen normativas que restringen el trabajo de los medios y los mantienen dentro de ciertos límites manejables. El caso más preocupante es el del régimen especial de propaganda para las elecciones judiciales, que ya se aplicó y llevó en la práctica a una forma de censura previa.</p>
<p><strong>Al menos han encontrado en sus estudios ejemplos positivos de calidad periodística en los medios gubernamentales bolivianos…</strong></p>
<p>Sí. La mayor calidad la hemos encontrado en la <a href="http://www2.abi.bo/" target="_blank">Agencia Boliviana de Información</a>, que trabaja en Internet, y también la <a href="http://www.patrianueva.bo/" target="_blank">Red Patria Nueva</a> y el diario <a href="http://www.cambio.bo/" target="_blank"><em>Cambio</em> </a>tienen buena calidad de redacción. Pero continúa existiendo el problema del sesgo informativo. Sobre todo en los medios audiovisuales el enfoque es muy político, muy cercano a la propaganda. Y ése es el mayor problema: que en muchos casos no sólo se está confundiendo, sino sustituyendo la información por la propaganda.</p>
<p><strong>Ustedes también han analizado la oferta informativa en aymara y quechua, ¿refleja esa oferta la importancia de los grupos que hablan estos idiomas?</strong></p>
<p>No. La población en el país que habla aymara o quechua es numéricamente muy importante pero apenas hay una publicación –que es además institucional y mensual, no diaria- que usa el quechua, y eso sólo en algunas de sus notas. Los idiomas nativos sí están más presentes en la radio, y en la televisión sólo aparecen en horarios marginales, de madrugada: a partir de las siete y media de la mañana el quechua y el aymara ya no tienen cabida en las parrillas.</p>
<p>También en los contenidos predominan los temas urbanos, y por lo tanto expresados en castellano, así como suele ser el castellano el idioma de las fuentes.</p>
<p><strong>¿Pueden los ciudadanos bolivianos ejercer el derecho a la información y la comunicación que les reconoce su Constitución?</strong></p>
<p><a href="http://onmedia.dw.com/spanish/files/Torrico-dcho-com.mp3">Erick Torrico: limitaciones del derecho a la información y la comunicación en Bolivia</a></p>
<p><strong>Volviendo al cuadernillo, ¿qué nota le pondría a los medios gubernamentales y qué nota a los demás?</strong></p>
<p>En una escala de uno a siete, en la que siete es excelente, yo creo que podrían estar ambos en un nivel medio de cuatro. Porque lamentablemente hay varias deficiencias presentes en la comunicación tanto de los medios del Gobierno como de los privados, debido a su inmersión en la polarización política que no les permite zafarse de ciertos esquemas y dejan por lo tanto de cumplir la labor de servicio de interés público que debieran desempeñar.<em></em></p>
<p>Aquí encuentras la primera edición de <em>Medios a la vista</em> <a href="http://issuu.com/unirbolivia/docs/onadem_1" target="_blank">en su I</a> y <a href="http://issuu.com/unirbolivia/docs/onadem_2" target="_blank">II parte</a>.</p>
<p><strong></strong>Entrevista: Peter Deselaers<em><br />
</em></p>
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